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Nuestro antiguo cura, don Antonio, es Prelado de Honor del Papa

10 octubre, 2020

Tarde me he enterado, la verdad. Pero debo dejar constancia de ello en este blog porque todos los que hemos rebasado los cincuenta años le apreciamos mucho y le recordamos con gran cariño.

Resulta que desde febrero de 2013 don Antonio Mínguez del Olmo es Prelado de Honor de su Santidad. Y desde febrero de este año de 2020 forma parte del llamado Colegio de Consultores del obispo de Osma.

De varias páginas de internet he “capturado” fotos al respecto.

Canto a la soledad de nuestro pueblo, Tajueco

29 julio, 2020

Tres poemas de Antonio Corredor

23 mayo, 2020

Nuestro poeta tajuecano ha compuesto estos tres poemas.

Nuevos poemas del juglar de Tajueco, Antonio Corredor

23 mayo, 2020

AGRADECIMIENTO A MI PUEBLO

Era 21 de abril
cuando al suelo me caía,
estábamos todo el pueblo,
también Jesús y María.

Se miraron uno al otro,
vieron lo que sucedía,
¡Atender a este señor,
mejor no pierda la vida!

En la puerta de la iglesia
era cordial la alegría.
Por culpa de ese incidente
se nos marchó la alegría.

Me llevaron a una casa,
casa que reconocía,
se me reflejó en la cara
¡Era su hija María!

Gracias por acogerme en tu casa,
gracias por acogerme en tu seno,
cuando te miro a la cara
todo que tienes es bueno.

Mi familia se asustó,
como todos los demás,
Pasamos Semana Santa
pensando ¡qué pasará!

Cuando llegamos a Burgos
allí terminé de rezar,
los enfermos se merecen
toda la comodidad.

Tienen varias ambulancias
que todas no son igual,
alguien será el responsible
de viajar sin calidad.

Me hicieron pruebas en Burgos ,
eran de gran calidad,
me dieron buen tratamiento
y me empecé a espabilar.

Otra vez a San Antonio
le pedí con humildad,
que me alargara la vida,
vivir unos años más.

Quiero darte muchas gracias
por darme auxilio en el suelo,
vi la cara de tu padre
que te dejo todo bueno.

Mi gran agradecimiento
doy a todos del pueblo entero,
por acordarse de mi
el pueblo que tanto quiero.

Todos estamos contentos
verme de nuevo en el pueblo,
Dios nos de salud a todos
que nos dure mucho tiempo.

Antonio Corredor. Tajueco (Soria) 2019

Sancho IV da Osonilla a cambio de la espada Colada del Cid

16 mayo, 2020
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Otorgamiento

El documento lo transcribe Loperráez en la crónica diocesana de Osma (1788) y es referenciado en numerosos libros, como “La Numantina” de Mosquera de Barnuevo (1612).

LA COLADA EN EL CANTAR DE MIO CID

Todos están ya dispuestos, cuando el Cid así hubo hablado,
las armas bien empuñadas, bien firmes en los caballos.
Allá por la cuesta abajo ven las fuerzas de los francos
y en el hondo de la cuesta, y ya muy cerca del llano,
mandó que los atacaran Mío Cid el bienhadado.
Sus caballeros la orden cumplieron de muy buen grado;
los pendones y las lanzas bien los iban empleando,
hieren a unos, y a otros los arrojan del caballo.
Ya ha ganado la batalla Mío Cid el bienhadado,
allí al conde don Ramón por prisionero ha tomado,
ganó la espada Colada que vale más de mil marcos

++++

Os daré mis dos espadas, Colada y Tizona;
no olvidéis que las gané en el campo, a lo varón
si os entrego a mis hijas por hijos os tengo yo.
Para allá os me lleváis las telas de corazón.
Que sepan allí en Castilla y en Galicia y en León
con qué riqueza tan grande hoy os despido a los dos

Allí los mantos y pieles les quitaron a las dos,
sólo camisa y brial sobre el cuerpo les quedó.
Espuelas llevan calzadas los traidores de Carrión,
cogen en las manos cinchas que fuertes y duras son.
Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
“Vos, don Diego y don Fernando, os lo rogamos por Dios,
sendas espadas tenéis de buen filo tajador,
de nombre las dos espadas, Colada y Tizona, son.
Cortadnos ya las cabezas, seamos mártires las dos,
así moros y cristianos siempre hablarán de esta acción,
que esto que hacéis con nosotras no lo merecemos, no.
No hagáis esta mala hazaña, por Cristo nuestro Señor,
si nos ultrajáis caerá la vergüenza sobre vos,
y en juicio o en corte han de pediros la razón.”

++++

El Cid besa al rey la mano y luego se levantó:
“Mucho que os agradezco, como a mi rey y señor,
que por amor hacia mí a cortes llamarais vos.
He aquí lo que pido a los infantes de Carrión:
porque a mis hijas dejaron no siento yo deshonor,
el rey verá lo que hace, que es el rey quien las casó;
pero al llevárselas ellos de Valencia la mayor,
como quería a mis yernos con alma y con corazón
les di Colada y Tizona, mis espadas, esas dos
espadas que yo gané como las gana un varón,
porque con ellas se honrasen y os sirviesen a vos.
A mis hijas las dejaron en el robledal; si no
querían ya de lo mío y si perdieron mi amor,
que me vuelvan las espadas, que yernos míos no son.
Dicen entonces los jueces: “Está muy puesto en razón”.
Dijo el conde don García: “Démosle contestación”.
A hablar fueron en secreto los infantes de Carrión
con sus parientes y el bando que allí les acompañó.
A toda prisa lo tratan, deciden ya una razón:
tendrá ya ningún derecho ese Cid Campeador”.
Esto dicho, todo el bando a la corte se volvió:
“Merced, merced, rey Alfonso, vos que sois nuestro señor,
no lo podemos negar, sus dos espadas nos dio;
ya que tanto las desea y pide el Campeador
devolvérselas queremos estando delante vos”.
Allí Colada y Tizona sacaron los de Carrión,
las dos espadas entregan en manos de su señor,
al desenvainarlas todo en la corte relumbró,
los pomos y gavilanes de oro purísimo son.
A todos los hombres buenos maravilla les causó.
El rey llama a Mío Cid y ambas espadas le dio,
las toma el Campeador y la mano al rey besó,
luego se vuelve al escaño de donde se levantó.
En las manos las tenía, mirándolas se quedo,
bien las conoce, no pueden cambiarlas por otras, no.
Todo el cuerpo se le alegra, sonríe de corazón.
Entonces alza la mano, la barba se acarició:
“Yo juro por estas barbas, éstas que nadie mesó,
que os iremos vengando, doña Elvira y doña Sol”.
A su sobrino don Pedro por su nombre le llamó
el Cid, y alargando el brazo la Tizona le entregó:
“Tomadla, sobrino mío. que va ganando en señor”.
Luego a Martín Antolínez, ese burgalés de pro,
llama el Cid, su brazo tiende y Colada le entregó:
“Martín Antolínez sois vasallo de lo mejor,
tomadme vos esta espada, que la gané a buen señor,
a Ramón Berenguer de Barcelona la mayor.
Para que me la cuidéis muy bien os la entrego yo.
Sé que si algo os ocurre, o si se ofrece sazón,
sabréis ganaros con ella, don Martín, honra y valor”.
Al Cid la mano le besa y la espada recibió.
Entonces se puso en pie Mío Cid Campeador.
“Gracias al Señor del cielo y gracias a vos, señor,
en esto de las espadas ya estoy satisfecho yo,
pero otra queja me queda contra infantes de Carrión.
Cuando a mis hijas sacaron de Valencia la mayor,
en oro y plata entregué tres mil marcos a los dos;
esa acción me la pagaron ellos con su mala acción,
devuélvanme mis dineros, que ya mis yernos no son”.
¡Dios, y como se quejaron los infantes de Carrión!
Dijo el conde don Ramón: “Contestad que sí o que no”.
Entonces así responden los infantes de Carrión:
“Ya le dimos sus espadas a Mío Cid Campeador,
para que más no pidiese; su demanda ya acabó”.
Ahora oiréis lo que contesta ese conde don Ramón:
“Fallamos, si así le place a nuestro rey y señor,
que a la demanda del Cid debéis dar satisfacción”.
Dijo entonces don Alfonso: “Así lo confirmo yo”.
Allí vuelve a levantarse Mío Cid Campeador:
“Por sus hijas no nos pide cuentas el Campeador,
lo tenemos que tomar esto como gran favor.
Si ahí acaba su demanda podemos darle las dos
espadas; cuando las tenga se irá de la corte y no
tendrá ya ningún derecho ese Cid Campeador”.

La Colada en Semanario Pintoresco 1850

La Colada en Catálogo histórico-descriptivo

de la Real Academia de Madrid (1898)