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Canto a la soledad de nuestro pueblo, Tajueco

29 julio, 2020

Tres poemas de Antonio Corredor

23 mayo, 2020

Nuestro poeta tajuecano ha compuesto estos tres poemas.

Nuevos poemas del juglar de Tajueco, Antonio Corredor

23 mayo, 2020

AGRADECIMIENTO A MI PUEBLO

Era 21 de abril
cuando al suelo me caía,
estábamos todo el pueblo,
también Jesús y María.

Se miraron uno al otro,
vieron lo que sucedía,
¡Atender a este señor,
mejor no pierda la vida!

En la puerta de la iglesia
era cordial la alegría.
Por culpa de ese incidente
se nos marchó la alegría.

Me llevaron a una casa,
casa que reconocía,
se me reflejó en la cara
¡Era su hija María!

Gracias por acogerme en tu casa,
gracias por acogerme en tu seno,
cuando te miro a la cara
todo que tienes es bueno.

Mi familia se asustó,
como todos los demás,
Pasamos Semana Santa
pensando ¡qué pasará!

Cuando llegamos a Burgos
allí terminé de rezar,
los enfermos se merecen
toda la comodidad.

Tienen varias ambulancias
que todas no son igual,
alguien será el responsible
de viajar sin calidad.

Me hicieron pruebas en Burgos ,
eran de gran calidad,
me dieron buen tratamiento
y me empecé a espabilar.

Otra vez a San Antonio
le pedí con humildad,
que me alargara la vida,
vivir unos años más.

Quiero darte muchas gracias
por darme auxilio en el suelo,
vi la cara de tu padre
que te dejo todo bueno.

Mi gran agradecimiento
doy a todos del pueblo entero,
por acordarse de mi
el pueblo que tanto quiero.

Todos estamos contentos
verme de nuevo en el pueblo,
Dios nos de salud a todos
que nos dure mucho tiempo.

Antonio Corredor. Tajueco (Soria) 2019

Sancho IV da Osonilla a cambio de la espada Colada del Cid

16 mayo, 2020
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Otorgamiento

El documento lo transcribe Loperráez en la crónica diocesana de Osma (1788) y es referenciado en numerosos libros, como “La Numantina” de Mosquera de Barnuevo (1612).

LA COLADA EN EL CANTAR DE MIO CID

Todos están ya dispuestos, cuando el Cid así hubo hablado,
las armas bien empuñadas, bien firmes en los caballos.
Allá por la cuesta abajo ven las fuerzas de los francos
y en el hondo de la cuesta, y ya muy cerca del llano,
mandó que los atacaran Mío Cid el bienhadado.
Sus caballeros la orden cumplieron de muy buen grado;
los pendones y las lanzas bien los iban empleando,
hieren a unos, y a otros los arrojan del caballo.
Ya ha ganado la batalla Mío Cid el bienhadado,
allí al conde don Ramón por prisionero ha tomado,
ganó la espada Colada que vale más de mil marcos

++++

Os daré mis dos espadas, Colada y Tizona;
no olvidéis que las gané en el campo, a lo varón
si os entrego a mis hijas por hijos os tengo yo.
Para allá os me lleváis las telas de corazón.
Que sepan allí en Castilla y en Galicia y en León
con qué riqueza tan grande hoy os despido a los dos

Allí los mantos y pieles les quitaron a las dos,
sólo camisa y brial sobre el cuerpo les quedó.
Espuelas llevan calzadas los traidores de Carrión,
cogen en las manos cinchas que fuertes y duras son.
Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
“Vos, don Diego y don Fernando, os lo rogamos por Dios,
sendas espadas tenéis de buen filo tajador,
de nombre las dos espadas, Colada y Tizona, son.
Cortadnos ya las cabezas, seamos mártires las dos,
así moros y cristianos siempre hablarán de esta acción,
que esto que hacéis con nosotras no lo merecemos, no.
No hagáis esta mala hazaña, por Cristo nuestro Señor,
si nos ultrajáis caerá la vergüenza sobre vos,
y en juicio o en corte han de pediros la razón.”

++++

El Cid besa al rey la mano y luego se levantó:
“Mucho que os agradezco, como a mi rey y señor,
que por amor hacia mí a cortes llamarais vos.
He aquí lo que pido a los infantes de Carrión:
porque a mis hijas dejaron no siento yo deshonor,
el rey verá lo que hace, que es el rey quien las casó;
pero al llevárselas ellos de Valencia la mayor,
como quería a mis yernos con alma y con corazón
les di Colada y Tizona, mis espadas, esas dos
espadas que yo gané como las gana un varón,
porque con ellas se honrasen y os sirviesen a vos.
A mis hijas las dejaron en el robledal; si no
querían ya de lo mío y si perdieron mi amor,
que me vuelvan las espadas, que yernos míos no son.
Dicen entonces los jueces: “Está muy puesto en razón”.
Dijo el conde don García: “Démosle contestación”.
A hablar fueron en secreto los infantes de Carrión
con sus parientes y el bando que allí les acompañó.
A toda prisa lo tratan, deciden ya una razón:
tendrá ya ningún derecho ese Cid Campeador”.
Esto dicho, todo el bando a la corte se volvió:
“Merced, merced, rey Alfonso, vos que sois nuestro señor,
no lo podemos negar, sus dos espadas nos dio;
ya que tanto las desea y pide el Campeador
devolvérselas queremos estando delante vos”.
Allí Colada y Tizona sacaron los de Carrión,
las dos espadas entregan en manos de su señor,
al desenvainarlas todo en la corte relumbró,
los pomos y gavilanes de oro purísimo son.
A todos los hombres buenos maravilla les causó.
El rey llama a Mío Cid y ambas espadas le dio,
las toma el Campeador y la mano al rey besó,
luego se vuelve al escaño de donde se levantó.
En las manos las tenía, mirándolas se quedo,
bien las conoce, no pueden cambiarlas por otras, no.
Todo el cuerpo se le alegra, sonríe de corazón.
Entonces alza la mano, la barba se acarició:
“Yo juro por estas barbas, éstas que nadie mesó,
que os iremos vengando, doña Elvira y doña Sol”.
A su sobrino don Pedro por su nombre le llamó
el Cid, y alargando el brazo la Tizona le entregó:
“Tomadla, sobrino mío. que va ganando en señor”.
Luego a Martín Antolínez, ese burgalés de pro,
llama el Cid, su brazo tiende y Colada le entregó:
“Martín Antolínez sois vasallo de lo mejor,
tomadme vos esta espada, que la gané a buen señor,
a Ramón Berenguer de Barcelona la mayor.
Para que me la cuidéis muy bien os la entrego yo.
Sé que si algo os ocurre, o si se ofrece sazón,
sabréis ganaros con ella, don Martín, honra y valor”.
Al Cid la mano le besa y la espada recibió.
Entonces se puso en pie Mío Cid Campeador.
“Gracias al Señor del cielo y gracias a vos, señor,
en esto de las espadas ya estoy satisfecho yo,
pero otra queja me queda contra infantes de Carrión.
Cuando a mis hijas sacaron de Valencia la mayor,
en oro y plata entregué tres mil marcos a los dos;
esa acción me la pagaron ellos con su mala acción,
devuélvanme mis dineros, que ya mis yernos no son”.
¡Dios, y como se quejaron los infantes de Carrión!
Dijo el conde don Ramón: “Contestad que sí o que no”.
Entonces así responden los infantes de Carrión:
“Ya le dimos sus espadas a Mío Cid Campeador,
para que más no pidiese; su demanda ya acabó”.
Ahora oiréis lo que contesta ese conde don Ramón:
“Fallamos, si así le place a nuestro rey y señor,
que a la demanda del Cid debéis dar satisfacción”.
Dijo entonces don Alfonso: “Así lo confirmo yo”.
Allí vuelve a levantarse Mío Cid Campeador:
“Por sus hijas no nos pide cuentas el Campeador,
lo tenemos que tomar esto como gran favor.
Si ahí acaba su demanda podemos darle las dos
espadas; cuando las tenga se irá de la corte y no
tendrá ya ningún derecho ese Cid Campeador”.

La Colada en Semanario Pintoresco 1850

La Colada en Catálogo histórico-descriptivo

de la Real Academia de Madrid (1898)

Lauda sepulcral en Osona de un capellán de María de Molina

15 mayo, 2020
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Nota previa: Carmelo Lafuente es el autor de estos apuntes o esbozo histórico. Su madre, Juana Hernández, era de Tajueco, hermana de Manuela y Pablo.

Parroquia de Osona

SOBRE LA LAUDA SEPULCRAL DEL CAPELLÁN DE

MARIA DE MOLINA EN OSONA

CARMELO LAFUENTE

Un artículo publicado por A. Ortega del Castillo en Soria Hogar y Pueblo de 10-11-65 sobre la Paz de Almazán de 1375 contiene el siguiente párrafo: “En Osona existe una piedra enclavada en una de las paredes laterales de la iglesia en la que se lee este epitafio: “Aquí yacen los restos mortales del capellán de la reina María”, estando en la creencia de que esta era la segunda mujer de Pedro I”, en referencia a María de Padilla.

Fotografía de Carmelo Lafuente

Pero no es lo mismo la “era” que el “año” y no consta su presencia por la comarca acompañando al rey, quien sí estuvo en varias ocasiones en Soria. Además solamente después de su fallecimiento en 1361, a partir de las cortes de Sevilla de 1362, se la reconoce como reina: “E el rey mandó, que de aquel dia en adelante llamasen á la dicha Doña María de Padilla la Reyna Doña Maria”, declarando que se había desposado con ella por palabras de presente antes de hacerlo con Blanca de Borbón (Crónicas 1179:350 tomo I), quien fue hasta su muerte en ese mismo año la reina oficial, repudiada, abandonada y encarcelada, mientras María, la favorita, sería su verdadero amor y madre de cuatro hijos. En la misma época también se menciona en las crónicas a la reina doña María de Portugal, la madre de Pedro I, pero tampoco consta su presencia en Soria.

PROPUESTA DE TRANSCRIPCION

Esta lauda sepulcral  está situada en la pared norte de la parroquial  de Osona, frente a la entrada, siendo sus dimenciones de 44  x 32 x 4 cms.

AQ ፧ YAZE ፧ DO ፧ POPEZ ፧
CAPELLĀ ፧ DELA ፧ REY
NA ፧ DŌNA ፧ MARIA ፧ FINO
XXIX ፧ DIAS ፧ DE ፧ OCTUB
RE ፧ ERA ፧ DE ፧ MIL ፧ ET ፧ CCC
ET ፧ XLIIII ፧ ANNOS

Que transcribo así:

AQ[UI] YACE DO[N] P[ER]O P[ER]EZ
CAPELLA[N] DE LA REI
NA DOÑA MARIA FINO
XXIX DIAS DE OCTUB
RE ERA DE MIL Y CCC
Y XLIIII AÑOS
 

Si la lectura es correcta, la reina doña María debería ser María de Molina, esposa de Sancho IV, con actividad conocida en la provincia de Soria en diversos momentos, aunque en la fecha mencionada en la lauda estaba en Burgos. En las Crónicas de los Reyes de Castilla se nombran los capellanes del Rey (Gaibrois 1922, I:354, 357), pero no los de la Reina excepto en un par de casos, Johan Domínguez y Gonzalo Pérez. (Gaibrois 1922, I:44, 365, 374, 387, 388, 395. Nogales 2009:609).

SANCHO IV Y MARÍA DE MOLINA EN TIERRAS SORIANAS

Se sabe que Sancho IV estuvo en Soria, Berlanga, Osma, San Esteban, Calatañazor y Almazán en 1285, en Almazán en 1287 y en Soria en 1288, cuando en Almazán concentró un ejército para oponerlo a los Infantes de la Cerda que le disputaban el trono. En 1289 estuvo en San Esteban de Gormaz, Calatañazor, Berlanga, Almazán, Monteagudo y Soria.

En 1291 el matrimonio real estuvo en Soria y Monteagudo, donde estableció paces con Jaime II de Aragón, que apoyaba a los de la Cerda, y acordó el matrimonio de Jaime con su hija Isabel, que no llegaría a celebrarse, siendo devuelta a sus padres cinco años después.

En febrero 1293 pasó por Berlanga, Almazán, Quintana Redonda y Soria, y después de estar en Ágreda y Tarazona volvió de nuevo por Almazán y Berlanga. (Gaibrois 1922 II:204).

Pero Sancho IV muere en 1295 y su viuda María de Molina tiene que poner en juego todas sus dotes políticas en favor de su hijo, el futuro Fernando IV, en concreto contra el Infante don Enrique, aposentado en Berlanga. Para sosegarlo tuvo que entregarle también Almazán, Calatañazor y San Esteban.

El 1296 los Infantes de la Cerda se apoderan de gran parte de la actual provincia de Soria, instalando en Almazán una verdadera corte.

En 1300 doña María está en Berlanga con su hijo Fernando IV al frente de las mesnadas reales y desde allí se dirige a Almazán, pero se retira de nuevo a Berlanga para permitir las conversaciones en Ariza, que resultaron infructuosas, perdiendo la oportunidad de su posición ventajosa, pues entre tanto pasó el verano (Gaibrois 2011:141-4).

En 1304 madre e hijo estuvieron en Soria y en Ágreda, donde esperaron el resultado de las deliberaciones entre el rey de Aragón y el de Portugal, llegaron a un acuerdo con Aragón que suponía la entrega de muchos lugares a los Infantes de la Cerda a cambio de que éstos desistan de sus aspiraciones al trono y la entrega a Jaime II de Alicante, Orihuela y Elche (Gaibrois 211:191), y volvieron por Berlanga. A principios de 1305 están en Guadalajara y el rey sale para Ariza y se avistó con el rey de Aragón en el Monasterio de Huerta.

Posteriormente se reúnen Fernando IV y su madre en Atienza. Por fin se consigue que todas las partes acepten en agosto de 1304 la sentencia arbitral de Torrellas, cuyos acuerdos se irán poniendo en vigor los meses siguientes y que culminó, por lo que respecta a esta zona, con la entrega de Almazán por parte de Alfonso de la Cerda.

A finales de 1308 la reina está en Almazán y “porque avia en su tierra algunos cavalleros e malfechores que tenian muchas casas fuertes donde se fasia mucho mal, acordaron el rey e la reyna su madre de las derribar todas”. Fue sobre Alameda y Miñana y Mazaratoron “e otrosi mandó derrivar en tierra de Almaçán veynte y quatro casas muy fuertes”. (Benavides 1860:212).

En definitiva, la reina doña María pasó por esta comarca en diversas ocasiones y lógicamente sus capellanes, como el resto de sus criados, debían desplazarse con ella para ocuparse de las necesidades espirituales de esta corte itinerante.

 

 Bibliografía principal consultada

 BENAVIDES, Antonio (1860): Memorias del rey D. Fernando IV de Castilla. Madrid.

GAIBROIS DE BALLESTEROS, Mercedes (1922): Historia del reinado de Sancho IV de Castilla. Madrid.

(2011): María de Molina. Pamplona

NOGALES RINCÓN, David (2009): La representación religiosa de la monarquía castellano-leonesa: La capilla real (1252-1504). Memoria para optar al grado de Doctor. UCM. Madrid.