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Parroquia (5): Retablo y ermitas de Santo Domingo y San Vicente

22 febrero, 2010

 

El retablo más antiguo que se conserva en la parroquial es el de santo Domingo y san Vicente. En su ático se encuentra, con un libro en la mano y el rosario en la otra, una escultura del primero, que según la tradición oral proviene del despoblado de Valbuena, en el que subsiste el paraje de santo Domingo. La leyenda cuenta que murieron todos sus habitantes por compartir una comida en una boda, que se había guisado con agua envenenada de la Fuente del Sapo (relatos más o menos parecidos los hay en referencia a los despoblados de Badorrey, Fuentelfresno, Mortero, Masegoso, Ovetago.., cuya referencia arquetípica es un mito griego-egipcio curiosamente). El término pasó a ser propiedad de Tajueco, y las campanas se las quedaría Valderrodilla, tras una medición con sogas que amañaron los de Tajueco a su favor para que el despoblado estuviera más próximo de su pueblo que del vecinos (sacando así “tajada” del asunto: otro “taj” toponímico a añadir a los ya dichos anteriormente). Medición legendaria similar, aunque en esta ocasión sin engaños, se efectuó entre Atauta y Olmillos, siendo la primera la que se quedó con el término de Golván, que se despobló a causa de una plaga de termitas.

            El retablo en cuestión, de tamaño pequeño, antes de la reforma de finales de la década de 1950, estaba entre la puerta de la iglesia y el púlpito, y desde entonces se encuentra en la pared meridional de la capilla del Evangelio, junto a la puerta de la sacristía. Es renacentista y su tallado es muy sencillo y de poca calidad. Las esculturas que tiene son de santo Domingo de Guzmán vestido de canónigo y de san Vicente mártir con dalmática, en el ático y calle central respectivamente (el retablo carece de banco y mesa de altar). Las metopas son, en el romanismo renacentista oxomense, un recurso iconológico muy apreciado por Juan de Artiaga que dejó obras suyas en Abión y Calatañazor, por citar dos localidades próximas, pero no creemos que sea el entallador de este retablo de Tajueco (también Pedro Macarredo, Francisco Morales, Mateo Olmos, Pedro de Cicarte Pérez, José Rodriguez, Francisco del Río, Gabriel de Pinedo, Francisco Cambero de Figueroa, Pedro del Río, Juan de Orihuela y otros muchos gustaron de poner metopas en sus retablos).

            El remate con volutas del frontón lo vemos en el sagrario del antiguo retablo mayor de la parroquial de Fuentepinilla que está hoy en lateral del Evangelio; igualmente se encuentra en el retablo mayor y sagrario de Soto de San Esteban, retablo mayor de Alcozar, retablo de san Pedro y san Pablo de la catedral de El Burgo de Osma… Seguramente alguno de ellos sirvió de inspiración al que realizó su traza.

            Las dos fustes de las pilastras es, en su parte superior estriada corintia y entorchada en la inferior, como se encuentran -com muchísima mejor talla- en el retablo mayor de Omeñaca (1602), en el de la actual parroquia de San Francisco en San Esteban de Gormaz (1620), y en los de San Ginés de Rejas de San Esteban (1616) y San Juan de Valdanzo (1632), según leemos en José Arranz.

            En las dos calles laterales están pintadas, en tabla, las figuras de san Roque, san Sebastián, san Agustín y san Gregorio Magno.

            En los Libros de Fábrica se habla de la existencia en el término de Tajueco de tres ermitas: la del Santo Cristo, la de santo Domingo y la de san Vicente. En 1616 se especifica que las dos últimas tienen tierras y rentas. El 13 de abril de 1682, desde la catedral de El Burgo de Osma se envía un escrito al cura de Tajueco informándole que, enterados del deterioro que sufrían por estar “maltratadas y derrotadas aun de tejados, puertas, paredes y otras cosas”, se ordena que se arreglen, disponiendo para ello de los caudales de las heredades de cada ermita.

 En el inventario de 1724 se indica que el altar de san Vicente tiene un frontal (ello nos parece sugerir que el retablo que hay en la parroquia actualmente era el que estaba en la ermita de san Vicente).

            En la visita que realiza a Tajueco el obispo Pedro Agustín de la Quadra y Achica, en 1739, se acerca a inspeccionar las “hermitas del Santo Xto del humilladero, San Vizente Mártir y Stto Domingo de Guzman”, las cuales “hallaron con mediana dezencia”.

            El visitador general de 1744 las encuentra “con la correspondiene decencia”. El de 1748 encuentra decente la del Humilladero, pero las otras dos se encuentran con “grande necesidad de repararse”, por lo que manda que las arregle el concejo en el plazo de un año, interín en el que el cura no debe oficiar misas en ellas.

            El visitador general de 1756 ordena hacer un altar y asear la del Humilladero. Las otras dos “hanse muy indezentes y quasi ruinosas”, por lo que sugiere que, en caso de no repararse en un año, que se derriben y que sus materiales se apliquen a la fábrica de la iglesia. Pero el pueblo no hace ni lo uno ni lo otro puesto que, en 1758, se encuentran en la misma situación y no se han demolido tampoco.

            Lo mismo acaece cuando el visitador general de 1771 es Juan Bautista Loperráez, cronista de la diócesis. Las califica de “indezentes” y manda que se arreglen o que se demuelan.

             En 1780 nada ha variado, al igual que en 1789, año este último en el que se ordena ya, sin contemplaciones, que se derriben las de santo Domingo y san Vicente, como así se hará finalmente puesto que en la visita episcopal de José Antonio Garnica, en 1804, solamente figura la del santo Cristo del Humilladero que ha sido reparada por el concejo.

            Es de suponer que la ermita de san Vicente se encontraría en el Cerro de san Vicente, o quizás -aunque nos parece más improbable- en el paraje de las Suertes de san Vicente, aunque más bien creemos que estas tierras debían pertenecer a los bienes de la citada ermita y que, con las desamortizaciones, se repartirían finalmente entre los vecinos.

             De los dos santos mártires Vicente, el de Ávila y el de Valencia, éste de Tajueco, representado con una rueda de molino en una mano, es el valenciano.

            En cuanto a santo Domingo de Guzmán, como se sabe nació en Caleruega (Burgos), fue canónigo de la catedral de El Burgo de Osma; acompañó a su obispo, Diego de Acebes, al sur de Francia, donde predicaría contra los cátaros y crearía la Orden de los Predicadores o Dominicos, falleciendo en Bolonia (Italia), en 1221. Fue canonizado por Gregorio IX, en 1234, y es copatrono de la diócesis de Osma. 

            La imagen de Tajueco es ciertamente extraña, tanto por el giro que adopta el cuerpo del santo como por ese rosario que cuelga de un brazo y que, seguramente es muy posterior a la ejecución de la escultura. Asimismo se echa a faltar la presencia del perro con la antorcha en llamas que suele acompañar a santo Domingo de Guzmán en la iconología.

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