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Parroquia (6): Retablo Mayor

22 febrero, 2010

 

Las columnas salomónicas enracimadas aparecen tardíamente en la provincia de Soria. Las del retablo del Cristo de Arenillas son, por ejemplo, de 1683;las de la Virgen del Espino de Soria se terminaron hacia 1686, y las de la capilla de santa Elena, en la catedral de El Burgo de Osma, se fechan nada menos que en 1694. Estas columnas son características del retablo mayor de la parroquial de Tajueco, y también aparecen, en pequeño tamaño, en los retablos de la Virgen del Rosario y en el de los dos patronos del pueblo.

            El visitador general de 1682 manda “que se haga un retablo en blanco para el altar mayor de esta yglesia, poniendo en el nicho principal a San Pedro”. La traza fue diseñada por Roque Aragonés, cuyos herederos recibieron a cuenta ciento setenta y seis reales. La subasta se realizó en Berlanga de Duero. Se descargaron treinta y seis reales por el alquiler de la casa en la que estuvo el maestro que hizo el retablo, Francisco Martínez, al que se pagó por su trabajo cinco mil seiscientos cuarenta y cuatro reales, como reflejan las cuentas de 1687-1688. 

            Roque Aragonés fue un escultor famoso. Hizo los retablos mayores de Centenera de Andaluz (1651), Matanza (1660), el de la Magdalena en Ledesma (1669)… Su trabajo en Tajueco debió ser posiblemente el último de su vida.

            Sobre Francisco Martínez no hemos encontrado referencias. ¿Era familiar, tal vez, de Martín Martínez, sobre el que hablamos al referirnos al retablo de la Virgen del Rosario?. ¿Estuvo en el taller de los Romera, como insinúa Santiago Escribano…? Cabe recordar, al respecto, que según Taracena “en el modesto taller de los Romera debieron construirse gran número de los retablos barrocos que pueblan la provincia”. Durante siglos tuvieron su sede en la localidad de Herreros y es probable que con ellos estuviera emparentado Domingo Romero, maestro arquitecto, ensamblador y entallador, que realizó diversos retablos en Soria, así como la catedral (a partir de 1694) y en pueblos tan próximos como Bayubas de Arriba (1726).

            El retablo mayor, según indica Jesús Alonso, fue dorado y estofado por Isidro de la Serna (natural de Fuembellida) y por Francisco Lázaro (nacido en Valdenebro), en 1713.

            El primero, vecino de Osma, es el artífice del dorado y estofado de varios retablos de la catedral de El Burgo de Osma: la Concepción (1695), san Francisco y santo Cristo del Milagro (1725), así como el de la capilla del Hospital de san Agustín de la villa episcopal (1698). O sea, que era un artesano de gran valía.

            El segundo aparece como único firmante de la escritura de condiciones, donde estipula las características generales técnicas de la obra a llevar a cabo -con cinco manos para varias fases-, y en la que impone como última condición “que me an dedar Casa, camas y leña lanecesaria mientras dure dicha obra”, que fue adjudicada por cinco mil setecientos reales de vellón en su último remate. En ella se indica igualmente que se han de dorar y encarnar las tallas de san Pedro, Santiago y san Juan Bautista, y que ha de colocarse un Cristo sobre cruz en el ático, pintándose a sus lados un sol y una luna, así como la ciudad de Jerusalén, tal como puede contemplarse hoy; pintura que, por cierto, nos recuerda mucho a la del retablo mayor de Fuentecambrón.

            La escultura que preside el retablo es el titular de la parroquia, san Pedro en imagen pontifical y sentado en el trono, con las dos llaves en la mano izquierda, un libro abierto en la derecha, y tiara papal. A sus lados están el Bautista (al que le falta el cordero sobre el libro) y Santiago el Menor con traje de peregrino y bastón.

            Al respecto de la cabeza de esta escultura tajuequense de san Pedro hay que indicar que la que se ve no debe ser la original puesto que, en 1732, consta el pago de seiscientos setenta reales al maestro “que hizo la cabeza de San Pedro” y cuarenta y cinco reales por dorarla. Además se pagaron tres reales y medio al maestro en concepto de caballería “cuando vino a traer la cabeza del glorioso santo dorada”.

            Por otro lado, el visitador de 1726 dejaría escrito “que se ponga y adereze la imagen del glorioso san Pedro y se quiten los ángeles que están en el altar”. ¿A qué se refería concretamente al decir “que se ponga y adereze”, cuando resulta que el contrato firmado por Francisco Lázaro, en 1713, indica claramente que doraría y estofaría la imagen de san Pedro…?. En efecto, en el escrito de condiciones se lee:“Yten es condición que san Pedro, SanYago ysan Juan andeir dorados en carnados, dandole diferencia de los ropajes lo que requiera cada uno, finxiendo las telas a punta de pincel”.

            En 1749 se doró el tabernáculo de la custodia, y Gabriel de Aguilera, con otro oficial, ensanchó las peanas del altar mayor y lo levantó (es también el año en que se mudan de sitio los altares del Rosario y san Agustín).

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