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Parroquia (8): Retablo de San Roque y San Antonio

22 febrero, 2010

 

Como hemos señalado anteriormente, creemos no equivocarnos al señalar que este retablo barroco, con sus cuatro columnas salomónicas arracimadas y abundante rocalla, es el que tenía san Agustín a finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. Posiblemente fue hecho poco después de 1682.

            La escultura de san Roque se hizo por mandato del visitador general de 1735, quien ordenó que se ejecutase “una efigie de bulto del glorioso san Roque, en dorado, a cargo de los caudales de la cofradía de san Agustín, y se ponga encima del altar”. Mas el culto tajuequeño a san Roque existía cuando menos desde 1627, año en el que ya se le rendían oficios religiosos.

            La Peste Negra que asoló Europa entre 1347 y 1350 extendió el culto a san Roque por toda Europa, mas su advocación popular en España acontecerá cien años después y sobre todo a partir de la epidemia de peste de los años 1493-1497.

            En la diócesis de  Osma fue especialmente virulenta la peste sufrida entre 1595 y 1602, de ahí que el obispo optase por dedicar una capilla de la catedral a san Roque en 1599, cuyos costes corrieron a cargo del prelado fray Pedro de Rojas quien propagó por las parroquias de su diócesis el culto a san Roque, como igualmente hiciera con tesón su sucesor, fray Enrique Enríquez, en cuyo obispado aparecen las primeras cofradías dedicadas a san Roque en la diócesis de Osma. San Roque, además, pasó a ser copatrono de la villa episcopal de El Burgo de Osma, compartiendo patronazgo con la Virgen del Espino, en 1603. En las constituciones sinodales de Enrique Enríquez (1607) se constata ya la existencia de parroquias en las que existía el voto de guardar la fiesta de san Roque.

            Y en lo que respecta a Tajueco por tradición oral se sabe que por voto popular se decidió festejar y honrar al santo, cada 26 de octubre, por haber librado al pueblo en tal día de una peste, en fecha indeterminada, aunque algunos opinan que fueron los componentes químicos de las humaredas de las hornadas de los alfares lo que evitó tal contagio. ¿Cuándo acaeció esto? Se ignora, pero dado que en 1627 ya se celebraban oficios de San Roque, está claro que este dato nos indica que el culto es anterior a esta fecha.

            Existe, por otro lado, un bastón rematado en una insignia con la figura de san Roque y el perro, que se pasa de año en año de casa en casa, siguiendo un orden cronológico de edad. Se le llama reliquia de san Roque.        

    La escultura de san Antonio de Padua es la más reciente de todas las que hay en la parroquia (si exceptuamos la moderna de la Virgen de Fátima, obviamente).

 En las cuentas de fábrica, correspondientes al período que va de finales de marzo de 1759 a los mismos días y mes de 1761, se indica que se han abonado veinticuatro reales por la licencia dada por el tribunal eclesiástico por bendecir las mesas de los altares del Rosario y San Agustín así como por bendecir la imagen se san Antonio. Igualmente se dice que la iglesia ha pagado treinta reales al imaginero por esta escultura, y que el resto lo ha pagado el concejo.

            Y como no hemos encontrado referencias anteriores a san Antonio de Padua en los Libros de Fábrica ni en el Catastro de la Ensenada, mucho nos tememos que es por esta época cuando Tajueco comienza a rendirle culto y, presumiblemente, a lo largo de la centuria siguiente, siglo XIX, se le adoptó de copatrono al lado de san Roque, quedando olvidado el patronazgo parroquial del titular del templo: el apóstol san Pedro.

 Como obispos franciscanos de Osma que pudo propiciar el culto a san Antonio de Padua hay que citar a Francisco de Sosa (1613-1618), Sebastián de Arévalo y Torres(1682-1704) y, sobre todo, fray Joaquín de Eleta y la Piedra, confesor de Carlos III, natural de El Burgo de Osma, y prelado de la diócesis entre 1787 y 1788. Gracias a este obispo se construyó en la villa episcopal la capilla Palafox y la sacristía catedralicia, el Seminario y el Hospicio.

            Queda claro, por tanto, que el patrón principal actual de Tajueco, san Antonio, ha sido el último santo en incorporarse al “santoral tajuequeño”; ni siquiera figura oficio alguno a su nombre en el Catastro de la Ensenada, en el que si consta, por contra, el de san Roque.

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