Skip to content

Alfarería (1): Características generales

23 febrero, 2010

            Si por algún oficio y producto es conocido Tajueco en Soria, Castilla y muchas regiones españolas, es precisamente por la alfarería y sus cacharros. La referencia más antigua que hemos encontrado data de 1518, año en que consta como “ome bueno” (hombre bueno) Sebastián “el ollero”.

            El Museo del Pueblo Español, que tiene como sede el palacio que construyera, en 1776, Sabatini(el arquitecto de la Capilla Palafox de El Burgo de Osma) como residencia del ministro de Estado y que luego ocupara Godoy, se inauguró en 1934 y ya en 1968 disponía de más de quince mil objetos, entre los cuales se encuentran los siguientes “cacharros” de Tajueco, según el informe de Nieves de Hoyos: un jarro con una asa por arriba, una cazuela con tapa, un plato de barro sin bañar, un cántaro, una cazuela con dos asas, un calorífero bañado en verde y una cantarilla para aceite con un asa, de barro, sin bañar (de Quintana Redonda también tienen, pero sólo un tiesto, un cántaro, un botijo y un candelero de cerámica gris). Tales pieza de alfarería se encuentran en dicho Museo con anterioridad a julio de 1936. Asimismo, desde febrero de 1979, existe en el Museo Numantino de Soria una colección de ciento cincuenta y nueve piezas realizadas por Máximo Almazán Romero y que han sido objeto de un estudio monográfico auspiciado por dicho Museo.

            El 29 de enero de 1941, en El Avisador Numantino, Bienvenido Calvo afirmaba que se hacía alfarería en Quintana Redonda, Matamala de Almazán, Almazán, Ágreda, Deza y Tajueco. Respecto a Tajueco se decía:   

          “Célebre por sus cacerolas, peronas y de trípode, además de pucheros, ollas, platos y algunos juguetes de barro… En Tajueco, los barros de medida muy usados en las tabernas rurales con equivalencia de cuartillo, medio cuartillo, media y una azumbre, y que por la ornamentación rudimentaria, por el rojo de la arcilla y por la forma, tienen una extraordinaria semejanza con el jarro (oenochoe) ibérico-griego hallado en Numancia”.

            Ángel Coronado, en su artículo fechado en abril de 1977, señala que Tajueco “al menos en los últimos cincuenta o cien años ha representado el gran centro de la Alfarería soriana”. Tras señalar los elementos orientales o aragoneses de la loza adnamantina, pasa hablar de Tajueco, donde tales influencias no existen:

            “Quizá de un examen detallado y comparativo de su abundante tipología, pudiese resultar un parentesco con la producción de Arrabal del Portillo (Valladolid), o con otros centros palentinos, burgaleses, o castellanos en general.Lo cierto es que las piezas de Tajueco no muestran influencia aragonesa, y presentan unas formas típicamente castellanas.Sólo un elemento decorativo, muy empleado en Tajueco y también en Aragón, podría citarse como lazo de unión entre ambas producciones.Este motivo es el acordonado, que con tanta profusión decora las ollas de Tajueco, dándoles cierto aire de elegancia y distinción. Otra decoración característica la constituyen pequeñas pinceladas de punteados, que con arcilla blancas y gredosas aplicaban sobre el barro rojizo, y que una vez recubiertas con un baño de plomo o vidriado, muestran después de cocidas su característico color amarillento claro”.

            Un año después se publicó en la revista etnológica “Narria” un estudio sobre la alfarería de Tajueco, escrito por María Isabel de Azcárraga y Serafín Rodríguez Limón. Recuerdan que el Catastro del Marqués de la Enseñada registra trece maestros alfareros y señala que ha sido el centro alfarero más importante de Soria en la media centuria anterior. En el Censo del conde de Floridablanca, de 1787, se registran cincuenta y seis maestros oficiales, veintitrés aprendices y un alfarero de loza en la provincia de Soria.

            La arcilla es del término, y propiedad vecinal. El barro “se sigue pisando antes de sobarse en el banco, práctica ya casi en desuso”, señalaban los autores de este artículo etnográfico en la revista Narria de Madrid. “Aquí, al contrario que en otros lugares -proseguían-, no se preparan varias pellas, sino que se hace cada una en el momento de ir a transformarla”.

En cuanto al horno, se indicaba que es abierto, se alimenta con zarabuja (hoja del pino, llamada sarabuja en 1548 como hemos podido leer en el pleito con Valderrodilla), y que cabían unas trescientas piezas en cada hornada.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: