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Cánticos de Semana Santa en Tajueco -1-

23 abril, 2011

Cristo del Humilladero de Tajueco

Fugaz ha sido mi presencia en Tajueco esta Semana Santa: tan solo hora y media el jueves para recoger libros y apuntes sobre la Orden del Temple que me servirán para elaborar una parte del libro templario que tengo “in mente” y que espero ver publicado a primeros de julio.

Su parte final, de hecho, la escribí en Tajueco en la segunda quincena de julio del año pasado, tras redactar allí mismo Perdidos en el Mundo Imaginal.

Ese texto iba a ser para un libro jacobeo pero, ahora, enmarcado en un nuevo contexto, va a ser el final del paseo que, como viajero, inicio en el castillo templario de Xivert y concluiré en la puesta del sol en el solsticio de verano de 2010 ante la mar atlántica gallega.

En fin.., que no he podido, por tanto, estar presente en los ritos propios de estas fechas “semanasanteras” en Tajueco.

Aún así voy a transcribir algunos versos que las tajuequeñas cantan en los oficios religiosos propios de estos días.

El lavatorio tiene diez estrofas, las cuales son de cuatro versos. Las dos últimas  estrofas son éstas:

Ya ha concluido Jesús / de todos los pies lavar y por eso se dirige / a la mesa del altar

Ya tenía preparado / aquel Dios Omnipotente,
la Cena con mucho amor / para aquellos inocentes.

El mandato es un cántico que retoma el lavatorio de los pies a los doce apóstoles. De sus dieciocho estrofas, me quedo con la trece:

No necesita lavarse / el que limpia tiene el alma,
antes bien purificarse / para que logre la palma

La carrera es el cántico que poetiza la Pasión de Cristo desde el huerto de los Olivos a su muerte en la cruz. Tiene veinticinco estrofas y en las dos últimas se encuentra la “moraleja” que se desprende del cántico:

Haced mi Jesús amado / que mis ojos hechos fuentes,
de lo mucho que he pecado / llore lágrimas ardientes.

Cristianos, digamos todos / humildes de corazón,
os hagamos compañía / en tu sagrada pasión

Seguidamente viene el cántico de El entierro con veinticuatro estrofas y presenta algunos matices propios de la “mística del alma”, como éstos:

Alma, bien puedes amar / a Jesús, tu enamorado,
que yace por tus amores / sin vida y ensangrentado…

Mira, por ti, a Jesús muerto / y que muerto, y enclavado
te dice hoy: / ¡Esposa mía, / aunque me has muerto te amo!

¡Amame tú, como debes, / y viviremos entrambos,
tú enterrándote conmigo / y yo en ti resucitando!

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