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Sobre glaciaciones y la posible mini era glacial en la que podríamos haber entrado

18 junio, 2013

No quiero ser agorero, pero no está nada claro que estemos -como planeta- en un período de Calentamiento Global, sino todo lo contrario… Así que es posible que “los del norte europeo” tengan que emigrar hacia el “sur”… y entonces la prosperidad en la que viven ahora se tornará en lo opuesto… España, al estar más cercana al Ecuador que tales países, contaría con unas temperaturas más benignas y, consiguientemente, un período de mayor bonanza económica… Estas son sólo unas consideraciones, pero hay otra más…

Glaciaciones y Eras Metahistóricas 

Escrito el 3 -enero-2001 y publicado en Soriaymas.com  el 25/11/2002

El aspecto geológico y orográfico de nuestro planeta va cambiando día a día paulatinamente casi sin que nos demos cuenta de ello, y si nos remontamos a su pasado veremos que donde ahora está la tierra de Soria hubo otro terreno, otras rocas y otros seres vivos, desde trilobites a dinosaurios. Todo cambia, nada es estable en este mundo del devenir.

Manchas solares y ciclo solar

Glaciaciones e interglaciaciones

Los geólogos afirman que la Tierra ha sufrido diversos períodos de glaciaciones que han modificado drásticamente la vida en los territorios afectados. Sólo en los dos últimos millones de años se han contabilizado una docena de glaciaciones con una duración media de cien mil años e interglaciaciones de diez mil años. Ahora mismo nos encontramos, siguiendo este cómputo, en el final de un interglaciar y en cualquier momento puede iniciarse una nueva glaciación que, en poco menos de doscientos años, provocaría la extinción de la actual civilización. Paradójicamente lo que está retrasando dicha glaciación es el efecto invernadero originado por la contaminación industrial del planeta.

¿Qué provoca las glaciaciones e interglaciaciones? Se han dado muchas causas: la situación orbital del planeta en la eclíptica de la precesión de los equinoccios, la alteración climática provocada por meteoritos de gran tamaño, la actividad solar, la inversión de los polos magnéticos de la Tierra, la oscilación del eje de la Tierra, erupciones volcánicas en serie, la tectónica de las placas, nubes de polvo galácticas, alineaciones de planetas, modificaciones drásticas del ciclo del carbono…

Los geólogos e historiadores han encontrado singulares conexiones entre los cambios climáticos y diversas manifestaciones de la humanidad, desde la aparición del Homo Habilis hasta el día de hoy. El neolítico, por ejemplo, surgió con el inicio del actual interglaciar, y su óptimo climático posibilitó el asentamiento de la agricultura hace 6.000 años. La romanización de Europa, norte de África y Próximo Oriente coincidió con una retirada de fríos intensos; la expansión vikinga por Europa y Rusia, así como su colonización de Groenlandia y llegada a Terranova tuvo lugar en una época de benevolencia climática (s. VIII-XI); entre los años 1000 y 1200 se dio un “pequeño óptimo” del interglaciar que coincide con una fase cultural europea (el románico y nacimiento del gótico); las hordas mongolas salen de Asia a comienzos del s. XIII que coincide con el final del “pequeño óptimo” y en búsqueda de tierras con climas mejores; la serie de malas cosechas, hambruna y peste negra surgida en el s. XIV coincidió con una época climática fría, etc…

Durante la última glaciación, la de Würm, hubo fases interglaciares con sus consiguientes mejoras climáticas y durante el presente post-glaciar (interglaciar con respecto a la siguiente glaciación) también se han dado períodos diversos, de varios siglos de duración, con bajadas y subidas considerables de temperatura. como he señalado en el párrafo anterior.

Numerosos mitos y leyendas hacen referencia, a lo largo y ancho de este mundo, de cambios climáticos espectaculares y desastres grandiosos acaecidos “in illo tempore”, al inicio de los tiempos. En la Biblia, sin ir más lejos, se habla de la extinción de una humanidad debido al Diluvio Universal, calcado del existente en los mitos mesopotámicos. Y en las grandes mitologías encontramos igualmente referencias a otras humanidades anteriores que fueron eliminadas por los dioses. ¿Quizás pudieran ser recuerdos de los cataclismos provocados por las glaciaciones…?

Noche helada

Eras cíclicas

Sea como fuere lo cierto es que, reduciéndonos al ámbito indoeuropeo, encontramos testimonios mitológicos y legendarios que nos sumergen en un tiempo cíclico, en un sucederse de eras que van rodando en el acaecer metahistórico y que poco tiene que ver con la concepción lineal del tiempo y de la historia que prevalece en los medios académicos y que se imparte desde la escuela.

Los mitos son relatos ejemplares en los que se condensa lo esencial de la experiencia vital de una colectividad durante un período de tiempo determinado. Son, asimismo, relatos arquetípicos cuyo simbolismo proviene del inconsciente colectivo. Y puestos a creer en mitos modernos de apenas 150 años, como el de la evolución de las especies, preferimos darle mayor credibilidad a los viejos mitos que han configurado el mundo, y especialmente a los indoeuropeos por ser estos la raíz de la idiosincrasia originaria histórica europea y, por tanto, hispánica también. Lo viejo ha sido sinónimo de sabiduría ancestral hasta hace poco en esta Soria de nuestras entretelas. Incluso etimológicamente, la palabra “viejo”, que es indoeuropea, significa “nutrir” y si revisamos su significado en diversas lenguas surgidas del indoeuropeo (o preindoeuropeo, que lo mismo da ahora), veremos que expresa “algo plenamente nutrido, crecido, madurado”, como señala el psicólogo James Hillman.

Por tanto aquí  abogamos por “lo viejo” y más específicamente por el ámbito “Imaginal” de este alma vieja indoeuropea que ha ido refinando su esencia complementando su mitología con la semítica, sobre todo la proveniente del mundo islámico a lo largo de ochocientos años en esta piel de toro que es España, confluencia de cosmovisiones que encontraremos patente en aspectos incluso aparentemente nimios (pongámonos como ejemplo: nuestro nombre deriva del griego, el primer apellido es árabe y el segundo fue adoptado por los judeoconversos).

El texto más antiguo conocido de los pueblos indoeuropeos son los Vedas de la India. Estos himnos, plasmados en letra hace tres mil años como mínimo, y otros desarrollos posteriores, como son los Puranas, hablan de los mundos creados y destruidos por Brahma. El actual ciclo metahistórico global, llamado manvantara, estaría finalizando. Cada manvantara está formado por cuatro Yugas que vienen a coincidir, arquetípicamente, con los referidos por el griego Hesíodo (Edades de Oro, Plata, Bronce y Hierro). Un cataclismo mundial es el origen de cada Yuga-Edad y, por consiguiente, es el final del que le precede. Y un cataclismo todavía mayor es el final y origen de los manvantaras.

En esta metahistoria cíclica de las humanidades no existe evolución cultural, sino retroces, involución. Se parte de una era idílica, paradisíaca (Satya Yuga/Edad de Oro) en la que el ser humano está en perfecta conexión con lo sagrado y alcanza la máxima perfección de sus facultades anímico-espirituales (que no tiene por qué corresponderse con el desarrollo científico-técnico); estado primordial que va como apagándose milenio tras milenio, era tras era, hasta que alcanza -globalmente hablando- su estado más bajo de espiritualidad al finalizar el Kali Yuga/Edad de Hierro. Este eclipsarse del alma y del espíritu tiene como contrapartida un progresivo dominio-sometimiento dual del hombre respecto a la materia y de ésta en relación al hombre (la técnica facilita la vida humana, pero el hombre puede perder su alma en esta inmersión en el control de la naturaleza y de la materia).

¿Vamos hacia una pequeña Edad de Hielo?

18 junio de 2013

Entre los años 1645 y 1717 tuvo lugar una pequeña Edad de Hielo en todo el planeta con inviernos muy duros y veranos de templeraturas bajas. Hasta el Támesis, a su paso por Londres, se heló.

En un ensayo de Angel Alberto González Coroas leemos: “El Mínimo de Maunder ha sido estudiado con mayor intensidad que el resto y de él sabemos algunas cosas verdaderamente sorprendentes. Además de la desaparición de las manchas solares durante los años en los que duró la mínima actividad del sol, parece probado que la temperatura en la Tierra descendió alrededor de un grado de media. Ese descenso brusco causó terribles desastres en las cosechas, por lo que estos años están unidos a hambrunas, muertes y revoluciones. En España, por ejemplo, el siglo XVII es uno de los más terribles de la historia reciente y está marcado por sucesos dramáticos: pérdidas de cosechas, desastres naturales, hambre, peste. En un siglo, la población española descendió de ocho millones de habitantes a 7 millones. Y todo ello coincide con un mínimo de actividad solar y un descenso de las temperaturas que pudo estar provocado por él. No se ha estudiado la relación directa entre ambos hechos, pero a primera vista parece algo más que una casualidad”.

Igualmente señala que “el registro de los anillos de árboles muestra también otro período de baja actividad solar, aproximadamente en el siglo XV entre los años 1450 y 1550, período que se conoce en la actualidad como Mínimo de Spörer”; investigadores hay, a su vez,  que fechan este Mínimo entre  1420 a 1570 . Estas fechas coinciden con el período de surgimiento del Renacimiento, por cierto.

Hoy, a través de facebook he leído un artículo “Clamor científico y voces de NASA confirman Edad de Hielo vaticinada en Calor Glacial” que aparentemente es catastrofista y podría considerarse “dudoso” en algunos aspectos, pero resulta que igualmente he podido leer poco después un artículo publicado en el portal del National Geographic titulado “Según un estudio, el Sol se acerca al letargo“.  Y se dice ahí: “Tres estudios independientes sobre la superficie, el interior y la atmósfera superior del Sol coinciden en que el siguiente ciclo solar se retrasará mucho, si es que llega a tener lugar. Normalmente, el siguiente ciclo debería comenzar aproximadamente en 2020.Los datos indican que pronto tendrá lugar lo que se conoce como mínimo solar, un periodo de baja actividad solar. Este «letargo solar» ha sido comparado con el mínimo solar más profundo que tuvo lugar entre 1645 y 1715, conocido como Mínimo de Maunder.”

Abdusamatov

Iceberg

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