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De la fe seminarista a la reflexión filosófica

4 julio, 2013

De mis diarios transcribí, antes de quemarlos, algunos escritos que resumían algunas de mis inquietudes y vivencias “filosófico-religiosas” acaecidas entre los 14 a los 18 años… con la idea inicial de añadirlos como Apéndice en mi libro “Y la vida sigue…” Ahora los he recuperado en este post… De aquellos pensamientos al “vacío mental” que me aporta el Vedanta Advaita actualmente hay mil “ángelesalmazanes” que han ido experimentando millones de “realidades psíquicas”… Y no me puedo identificar actualmente con ninguno de ellos… Presencio el devenir de la existencia siendo cada día más consciente de la “película” que transcurre ante los ojos de esta consciencia que sigue queriéndome hacer creer que soy un concreto “fulanito de tal” (pese a los mil ángelesalmazanes que ha habido).

El despertar inquisitivo en mi mente

(Escrito en noviembre-diciembre de 1976)

A los once años dejé Tajueco, el pueblo natal, para ir a estudiar y vivir en El Burgo de Osma. Durante cuatro años cursé estudios en el seminario diocesano de aquella villa, y en los primeros cursos mi alma se inundó de catolicismo, incluso llegué a palpar momentos sublimes en los llamados retiros espirituales que cada tres meses nos eran impuestos. Conocí la Biblia, supe de los dogmas de fe, leí la historia de varios santos de la Iglesia y me conmoví por los mártires de la época romana.

En tercer curso, a los trece años, comenzaron a enraizarse en mi mente ciertas dudas que motivaron, al año siguiente que los curas me recomendaran abandonar el seminario pues yo hablaba de tales inquietudes religiosas con mis compañeros de clase y se enteraron de ello.

Puerta-del-Seminario-del-Burgo-de-Osma

Diariamente todos los alumnos debíamos oír misa y rosario, aparte de diversas oraciones que teníamos al mediodía y antes de irnos a la cama. Todo esto hizo posible que tuviese a la Iglesia hasta en la sopa. Y las oraciones se convirtieron en nuestros tópicos cotidianos: de tanto oír hablar de Dios, su recuerdo se convirtió en un perro faldero que nos seguía a todas partes. Al igual sucedió con nuestras oraciones: la repetición obsesionante de las mismas palabras motivaron que éstas perdieran su significado y su valor espiritual.

El comportamiento de los sacerdotes-profesores que residían allí tampoco era el fiel reflejo de lo que los Evangelios nos contaban sobre las enseñanzas de Jesús. Además, me sentía vigilado y encarcelado: hasta las cartas que escribía y que recibían eran leídas por ellos.

Comencé a dudar de ciertos dogmas de fe. Que el cristianismo manifestase que Jesús de Nazareth, Hijo de Dios, fuese tanto Dios como hombre era algo que no entendía: “Todo hombre peca. Dios no comete faltas. Jesús, como hombre, tuvo que pecar alguna vez, luego no pudo ser un hombre y un Dios a la vez. Los círculos cuadrados no existen”.

Otro dogma que me acarreaba verdaderos quebraderos de cabeza era el misterio de la Santísima Trinidad: “Tres dioses en uno o, como dicen los católicos, tres personas distintas y un solo Dios verdadero ¡Cómo mil diablos se puede creer en esto!”.

El dogma de la Inmaculada Concepción de la virgen María tampoco lo comprendía.

La infabilidad del Papa en materia de fe y de costumbres, se salía de lo admisible.

Pero, a pesar de todas estas dudas seguía considerándome cristiano, mas no por eso dejaba de plantearme preguntas.

–          Si Jesús fue un hombre, ¿no cabe la posibilidad de que mantuviese relaciones sexuales con algunas mujeres, con María Magdalena, en concreto?

–           Hacía casi dos mil años de la venida de Jesús a la Tierra y, sin embargo, su religión no estaba extendida por todo el globo terrestre y, por supuesto, no era la religión única que imperaba. ¿No debería Dios haber puesto al alcance de todos los humanos su Verdad? ¿Cómo permitía que muriesen sin conocer su doctrina, si con ello se condenaban?

Éstas y otras preguntas que indudablemente he olvidado motivaban horas y horas de incertidumbre. En mi angustia existencial creía que era posible que Dios se enfadase conmigo por dudar de lo que decía la Iglesia y me condenase al infierno.

Finalizado cuarto curso abandoné el seminario y fui al instituto, también en la misma villa episcopal, sede de la diócesis de Osma-Soria. Y aunque mi mundo fue distinto al anterior continuaron dándose algunas relaciones comunes con mi anterior ambiente: el clero y el catolicismo.

Santa-Catalina,-Burgo-de-Osma

Cumplí quince años y continuaba creyendo que Jesús era Hijo de Dios, que la Iglesia era la institución protegida por el Espíritu Santo y que el catolicismo era la religión verdadera. Pero  los desengaños y mi sempiterna ansia de saber tornaron bien pronto tales creencias.  Los libros de texto de la asignatura de Religión me permitieron descubrir una Iglesia que no sabía dar leyes que verdaderamente se ajustasen a las necesidades humanas. Sus opiniones morales no me convencían. Así comenzó mi búsqueda de la Verdad.

Y llegué a tener una idea un tanto difusa de un Dios que, en la Tierra, no hacía milagros pero que, al final de nuestro paso por este planeta, premiaba a los que se habían comportado bien con el prójimo y habían seguido, convencidos de su verdad, la religión que les habían enseñado. Por otro lado admití a un Dios que castigaba a las “sanguijuelas humanas”. Y negué el Juicio Divino tuviese lugar el Día del Juicio Final, pues para mí éste llegaba el mismo día de la muerte de cada persona. Y renegué de la Iglesia Católica como institución, de su clero y de sus dogmas religiosos y morales. Y una especie de angustia metafísico-existencial se apoderó de mi alma.

Esperanzado en que existía otra religión que fuese la verdadera comencé a buscar la Verdad en Buda a mis quince años, y mientras mis compañeros iban a misa yo me acercaba a la ribera del río Ucero a leer un libro sobre el budismo que saqué de la biblioteca pública.

Rio-Ucero-en-EL-Burgo-de-Osma

Mas Buda no me consoló mucho, pero me dio a descubrir el nirvana y la trasmigración. Y leí un poco de otras religiones y entonces descubrí que la Verdad no estaba en  Buda, ni en Cristo, ni en Confucio, ni en Mahoma, sino que se hallaba dispersa en todas la religiones pues todas decían parte de la Verdad. Todas las religiones eran buenas y aceptables en cuanto que formaban parte de la Verdad.

Llegó sexto curso de bachillerato y mis dieciséis años de edad. Y la asignatura de Filosofía me transformó, azuzó muchísimo la autorreflexión sobre cosmología, metafísica, religión, sociología…

Azulejos-del-Seminario-del-Burgo-de-Osma

Anotaciones filosóficas

Finales de junio de 1975

 ¿Qué he sacado de provecho de la asignatura de Filosofía en este curso 1974-1975?  Mucho. Aprendí a razonar, a pensar, a tener mis propias ideas… Puedo afirmar que me cambió totalmente, y no sólo en el aspecto intelectual sino en el sentimental con todo lo que trae consigo.

Ha sido la asignatura más preciada por mí, por lo que no me ha resultado nada difícil estudiarla, o mejor dicho, leerla pero razonando lo leído.

¡Qué gran cambio se ha operado en mí, y todo ha transcurrido en nueve meses! Justo el tiempo en que un ser humano es concebido y nace. Ahora soy un ser con voluntad, con conceptos, juicios y razonamientos propios… En una palabra, dejé de ser un niño y siento que me queda poco para ser un hombre en el sentido estricto de la palabra.

La influencia de la filosofía, la ciencia del saber, ha sido enorme en mi persona, sobre todo en lo tocante a mi ideología. No en vano puedo afirmar que lo que soy actualmente se lo debo a mi querida y entrañable filosofía.

La razón, mi reflexión, es para mí una de las cosas fundamentales en mi vida, creo que la más importante.

Gracias a ella aprendí a estudiar sin fatigarme, a apreciar lo que valen las cosas… ¡Tantas y tantas cosas aprendí que parte de mi futuro está cimentado en ella!

Filosofía: te quedo eternamente agradecido.

  3-noviembre-1975

 Es un hecho, no hay lugar a la duda: día que llueve, día que estoy “nublado”, pero cuando hay sol mi espíritu flota y danza alegremente. Así, pues, la naturaleza influye psicológicamente en el hombre. El sol alegra la vida, da luz a nuevos pensamientos y visiones claras.

Me gusta la simplificación… Sí, me gusta. ¡Ah…! Ayer vacío y hoy vacío, sí, pero lleno de algo vivo, estoy vivaz.

Ayer, como decía Unamuno, era la vida de la muerte, hoy es la vida, simplemente. Unamuno fue un genio, pensaba como yo en algunas cuestiones. Lo que él llama “modorra espiritual” yo la identificó con “falta de ilustración”. También estoy de acuerdo con su idea sobre la inmortalidad, ya que ésta no es más que una esperanza, un ansia de vivir. Otro punto acorde es la lucha entre la razón y la fe, que son dos cosas opuestas. Tengo que leerme su “Sentimiento trágico de la vida”.

Unamuno

  19-noviembre-1975

 Si Dios ha creado todo lo que existe –directa o indirectamente.- el mal ha sido creado por él puesto que al crear al hombre –al que se le acarrea la fundación del mal-, indirectamente creó el mal. Ergo: hay que cambiar el concepto de Dios (Bueno) y de que  Dios es únicamente el Bien.

  21-noviembre-1975

 ¿Existe otra existencia para el espíritu…? Sé, o creo saber de seguro, que todo se transforma y que, en el límite se puede decir que nada es, todo fluye. La materia se transforma. ¿Pero qué ocurre con el espíritu? ¿Y dónde se encuentra el espíritu? ¿En el cerebro? ¿En alguna otra parte del cuerpo? ¿En todo el cuerpo? ¿Qué clase de unión tiene con el cuerpo, sustancial o accidental…? Si fuese accidental no habría ningún problema… ¿Y si fuese sustancial? En este caso, alma y cuerpo forman una misma sustancia, y si el cuerpo, con la muerte, se transforma, muere, no existe, creo que lo mismo ocurriría con el espíritu…, moriría al no tener donde sustentarse.

Esto es un lío, y el caso es que todo puede ser mientras no se tengan pruebas o respuestas indudables a estas preguntas… Todas las respuestas son admisibles, pues nada es seguro.

 28-noviembre-1975

 “¡Ser o no ser! He ahí la cuestión”, decía Shakespeare. ¿Qué quería decir con “ser”? ¿Acaso existir? Si fuese tal acepción el problema se reduciría a definir lo que es existir, pero posiblemente se refería a un calificativo, con lo que la cosa se complica. En tal caso su máxima debiera entenderse así: “¡Ser…o no ser..!”. Y en estos puntos suspensivos se pueden poner muchas cosas: bueno, inteligente, bondadoso… A lo que yo añado: ser hijo de Dios, creado por Él, o no serlo (si uno es ateo y no cree en la existencia de Dios).

… Estamos en la inmensidad del Cosmos. Con esto quiero decir que no estamos bajo la protección de un Ser Superior que nos mime. Así, pues, ¿qué esperanza nos queda? ¿Acaso nuestra existencia sólo se reduce a los años que vivamos en este planeta? Tal vez sea esta la cruel y angustiosa realidad, pero al igual que la materia se transforma en otra materia, es lógico pensar que nuestra capacidad intelectual-espiritual se transforme también. En este caso ésa sería nuestra esperanza.

… ¿Cuántas religiones hay en la Tierra?  Miles.  ¿Por qué, entonces, Dios permite que haya tantas? Lo lógico sería que defendiera a la verdadera, la impusiera en el mundo. Mas la experiencia nos dice que no es así.

 10-enero-1976

 Lo escrito permanece, por eso escribo. Mi pensamiento, mis sentimientos, mi yo, cambian constantemente y mi mente quiere saber de su evolución. Si no lo escribiera, dentro de un tiempo mezclaría o me olvidaría de todas mis transformaciones.

 21-enero-1976

Todo es subjetivo, nada hay objetivo. Los conceptos universales sobre los cuales se basa la Cultura Humana son conceptos primarios, o sea, entes de razón, por lo que dicha Cultura se apoya en una base poco sólida. Y no son, tales conceptos, universales. Esto es así porque no todos los hombres conoces estos conceptos, y quienes los conocen lo saben porque se los han enseñado, lo que quiere decir que en un principio fueron conceptos particulares que fueron admitiéndose por más y más gente hasta que el consenso les confirió el grado de ser universales, pero no son tales.

¿Qué son entonces la verdad, la libertad, el mal, el bien, Dios..? ¿Existen o no existen?. Ya digo que todo es subjetivo, por lo que cada uno opinará a su manera. Pienso, por mi parte, que estos universales no existen en cuanto entes objetivos, sino en cuanto entes mentales. Son, pues, conceptos sacados de la experiencia. La experiencia rige la vida humana. Las influencias externas se entremezclan con nuestra subjetividad y se convierten en experiencia subjetiva, individualizada. Cada individuo actuará de acuerdo a esta experiencia subjetiva.

El gran interrogante es Dios por ser el concepto universal más difundido y más trascendente o profundo. Con mi teoría extraterrestre queda explicada la creencia-idea de Dios, referida a este planeta; lo que pase en los demás planetas sería interesante saberlo, pero como lo ignoramos sólo podemos hacer especulaciones, que pueden ser más o menos erróneas o reales.

 4-febrero-1976

 He leído un poco la filosofía cartesiana que viene en el libro de Filosofía. Lo que no me ha convencido ha sido su metafísica y, sobre todo, su argumento ontológico. Descartes parte de la idea de un concepto para llegar a su existencia; esta base es mala. Yo puedo pensar lo que quiera, pero esto no implica que lo que piense exista en la realidad, como ente objetivo. Las ideas sólo existen en el pensamiento.

La duda cartesiana es lo que más admito de él: estoy de acuerdo plenamente con ella.

“Cogito, ergo sum”, de acuerdo.., pero también las plantas existen. Ergo: no sólo el ser pensante existe. Mi existencia, pues, es real.

Descartes da preponderancia al sujeto; antes de él la preponderancia la tenía el objeto. Estoy de acuerdo.

Para Descartes sólo hay cosas extensas y cosas pensantes, con lo que sólo admite en la realidad dos sustancias: la extensa y la pensante. D´accord. ¡Bravo, Descartes!

  9-febrero-1976

 Mi primera máxima dice: “Gozar de la vida es pensar en cada instante que existes y que, por lo tanto, tienes que tratar de desarrollar tu existencia intensamente en consonancia con tu esquema mental”.

 18-febrero-1976

La existencia es el don más hermoso que el gran Big-Bang nos dio. ¡Existir!, gran palabra y, sin embargo, muy pocos se dan cuenta de su existencia. Existo. Vivo. Pienso, luego existo. Los dioses de la Antigüedad deberían darse a conocer a los escépticos del s. XX; tal vez así captaran con mayor claridad su propio existir.

Captar que existimos, ¡he aquí la cuestión Del conocimiento de nuestra existencia surgen implícitas las acciones que nos llevan a gozar intensamente de nuestra vida (máximo bien que el hombre puede alcanzar).

La gran incógnita es ¿y el alma..? La esperanza nos indica que es inmortal. La razón postula por su muerte y por su desaparición. ¡Tal vez no se reduzca todo a un álgebra de Bool y exista otra salida!

Dualidades-paisaje

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3 comentarios leave one →
  1. 4 julio, 2013 6:39 pm

    Hola, Ángel, muy buenas.
    Desde que A.. G.. (te acuerdas) empezó a escribir, siempre fue algo necesario y vital para tí. Si ¡hasta te jugaste el curso por aquella novela que empezaste a escribir en 2º ó en 3º! Algunos privilegiados tuvimos la suerte de leerla, hasta que llegó a manos de D. Teodoro, y se jorobó el invento. ¡Vaya interrogatorio tipo Gestapo al que fuimos sometidos los lectores de la misma!
    He tenido la suerte de compartir contigo alguno de esos momentos de búsqueda entre la filosofía y la fe, de ir creciendo y madurando en nuestras creencias y nuestras inquietudes.
    Incluso, una noche épica, en Soria, con Carmelo, llegamos a “un convencimiento de conocimiento de la esencia de la existencia”.
    Como bien dices, somos un cúmulo de distintos “nosotros” que ha ido conformando nuestra existencia y nuestra búsqueda de nuestro “yo”.
    Un saludo.

  2. Ángel Almazán permalink*
    4 julio, 2013 7:12 pm

    Pues no me acuerdo ya de esa novela y el interrogatorio posterior que dices… Serían malos momentos y mi memoria los ha borrado por sí misma para preservar mejor la salud psíquica..

    Si recuerdo otro interrogatorio “inquisitorial” que se efectuó en cuarto curso en algunos compañeros -y luego me tocó a mí ser el interrogado- en torno a las dudas que iba exponiéndoles acerca de algunos dogmas… Y tras esta inquisición se me “invitó” a no volver a matricularme en el seminario.

    En fin… agua pasada no muele molino.

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  1. De la fe seminarista adolescente a la reflexión filosófica juvenil | Agora Simposio

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