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Ritual de las Ánimas: una visión antropológica

23 febrero, 2010

   En Tajueco subsiste igualmente otro destacable ritual que se practicaba décadas atrás posiblemente en numerosas localidades de Soria, puesto que hemos encontrado referencia de ello en poblaciones tan alejadas entre sí como Yelo y Alcubilla del Marqués, pero que actualmente sólo se da aquí. Su motivo central es el Cántico de las Ánimas y se lleva a cabo, sin sacerdote, al anochecer del 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, que fue ante, entre los celtas, la Fiesta de Samain o del final del verano. El profesor Jean Markale así lo dice:

“La fiesta de Samain es, etimológicamente, el «final del verano», el momento en que se vuelve a encerrar a los rebaños en los establos lo cual es indicativo de una antigua sociedad pastoril. Simbólicamente, la fiesta de Samain -en realidad, la noche de Samain- es la eternidad: el tiempo queda abolido y el otro mundo se abre al de los vivos. El cristianismo recuperó íntegramente esta fiesta convirtiéndola en la de «Todos los Santos», exaltación de la «Comunión de los Santos», es decir, de la comunidad perfecta entre los vivos y los muertos”

            Franco Cardini es de la misma opinión:

            “La conmemoración del «Día de los Difuntos» a primeros de noviembre, depende de una inequívoca decisión eclesiástica del siglo XI, procedente de Francia y en base, al parecer, de determinados usos locales de este país, ha introducido en nuestras celebraciones litúrgicas un elemento característico del calendario celta, el cual ha transformado una realidad de antiguo origen del calendario romano en una realidad católica reconocida por toda la Cristiandad occidental”.

            El toque de muertos de las campanas acompaña al vecindario durante todo el proceso. Hay tres grupos: varones que cantan (antes eran solteros en un lado, y casados en elotro) y resto de la población. Los dos primeros grupos son los protagonistas principales puesto que son los encargados de ir cantando, salteándose las estrofas del llamado Cántico de las Ánimas, que leen a la luz de las velas y la linterna en cuatro enclaves de la localidad. Al terminar cada Cántico todos rezan un padrenuestro; rezo en el que son acompañados por el tercer grupo que presencia a unos metros a los dos coros y en el que se puede ver a la chiquillería y algunas mujeres portando sobre las manos velas desnudas o protegidas por botes, calabazas o cacharros de barro agujereados.

            Al término de cada Cántico resuena por tres veces una campanilla, y una vez acabado todo el ritual, el sacristán reparte bollería y vino entre los asistentes. Hasta hace tres décadas era costumbre también que cada cuarto de hora doblasen las campanas por funerales hasta el alba, pasando los mozos la “guardia” en casa del sacristán.

          Lo esencial del ritual en cuestión es, por tanto, el cántico salteado de las cuartetas en ocho esquinas de la población, es decir en las encrucijadas, enclaves que los griegos dedicaban, por ejemplo, a la triple diosa Hécate. Hécate “ejercía una influencia benéfica en actividades como la agricultura, pero también era una diosa de las horas oscuras”, señala Arthur Cotterell. “Los fantasmas y la brujería fascinaban a Hécate, cuya morada estaba en «las tumbas» , en sitios «donde se cruzan dos caminos» …”, afirma Cotterell.

            La letra del Cántico de las Ánimas, junto con el tintineo de la campanilla y la luz de las velas que portan niños y mujeres, redundan en ahuyentar “mágicamente” a los fantasmas, es decir a las ánimas, a la par que se pretende congraciarse con ellas. Con este ritual, desde un enfoque psicológico, la consciencia busca frenar las irrupciones del “otro mundo”, es decir, del inconsciente, y mostrarle su respeto.

            Al ser un rito colectivo, en el que el sacerdote no participa, es uno de los momentos en los que la idiosincrasia de Tajueco se reafirma, reforzándose así los vínculos de la población como “tribu” (en el sentido antropológico del término)ligándose a un pasado ancestral personificado por las ánimas de los fallecidos en Tajueco desde la Edad Media.

Cántico de las Ánimas de 1985. La primera foto periodística que realicé sobre este ritual de Tajueco

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